El ser humano es capaz de cambiar su mundo


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19.02.2013 09:55

Españolito, que vienes al mundo, te guarde Dios.

 

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Bueno, ya ha ocurrido, la última de las promesas de este gobierno, reducir el endeudamiento y recuperar confianza, se ha ido por el retrete de forma espantosa. En un solo año, la deuda pública ha crecido en 146.000 millones de euros, alcanzando los 882.000 millones totales. Estos datos indican que cada españolito (que vienes al mundo, te guarde Dios) debe más de 15.000 euros. De esos tales, 3.000 se han sumado en el último año. Dicho de otra manera, la gestión de este gobierno ha hecho crecer la deuda de España en un 22% en un solo año. Todo un record que, esperemos, no se repita el año en curso, pues de ser así, no solo llegaremos al 100% del PIB de deuda, sino que lo rebasaremos ampliamente. Esto querrá decir que a principios de 2014 tendremos que declararnos en quiebra técnica y aceptar lo que se nos imponga.

 

Lo más doloroso de todo esto es que este mismo gobierno acusó al anterior de haber dejado la peor de las herencias posibles, aumentando la deuda en el año 2011, último del gobierno Zapatero, en 90.000 millones de euros. Aquél dato, ocultado según el gobierno entrante por el saliente, habría forzado a la renuncia a todas sus promesas electorales, empezando por la reducción fiscal, siguiendo por la "intocable" educación y sanidad y terminando por las "sacrosantas" pensiones. Todos y cada uno de los compromisos electorales fueron incumplidos con la excusa de la deuda ocultada por el anterior gobierno. También el aumento del paro y el déficit se achacó a la "herencia recibida". Nada ha sido responsabilidad del año de gestión Rajoy. Pero, he aquí que ahora, la realidad, toma consistencia y no puede ser cubierta con un discurso torticero, o con una publicidad engañosa, o con unos cuantos telediarios más o menos sumisos. Ahora es imposible echar la culpa a otros: ni la "herencia recibida", ni a prima de riesgo, ni el FMI, ni los sindicatos, ni Rita la cantaora. Ahora es responsabilidad del gobierno y solo de él. Ha llegado el momento de la madurez.

 

La deuda pública ha aumentando de forma desorbitada en 2012 por tres motivos principales que no pueden achacarse a decisiones impuestas. Son motivos que implican decisiones de política real y que conciernen al gobierno que las gestiona. La primera de las causas del aumento de la deuda ha sido la depresión de la recaudación fiscal, debido al hundimiento económico. Las medidas adoptadas por el gobierno han hundido la economía de tal forma que la única manera de obtener dinero era endeudándose. La segunda causa ha sido la pérdida de gasto familiar producida por la reducción salarial y la pérdida de empleo. En esta última tiene mucha parte de culpa la reforma laboral que ha permitido expulsar a casi un millón de personas del mercado laboral sin necesidad de ello, pues los datos de ajustes empresariales nos dicen que las empresas no han disminuido en esa proporción sus ventas. Y la última de las causas ha sido el rescate bancario, una decisión que este gobierno podría no haber tomado y que nos ha costado la friolera de 40.000 millones de euros, casi 1000 euros a cada españolito.

 

Por tanto, ni siquiera el objetivo final al que se sometían todos los demás: reducir la deuda y recuperar así la confianza para volver a generar inversión y así crecer económicamente y crear empleo, se ha cumplido. Paradójicamente, los medios para llegar al fin propuesto son los responsables de que nos se consiga el objetivo. Esto nos lleva a hacer una reflexión: o bien los gobernantes actuales no tienen ni idea de lo que hacen, o bien sí tienen idea y lo que sucede es que pretenden algo distinto a lo que nos dicen. Si fuere lo primero, malo; estamos tardando en quitarlos. Si fuere lo segundo, peor; vamos derechitos a la destrucción sistemática y organizada de una entidad política conocida hasta hoy como España.

 

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12.02.2013 16:52

"La abominación de la desolación", o el cuento de la zorra y el gallinero.

 

 
El Evangelio de Marcos nos refiere, en el pasaje conocido como "apocalipsis marcano" un término que ha generado muchos comentarios: "Y cuando viereis la abominación de la desolación donde no debía estar, el que lee, entienda, entonces los que estén en Judea huyan a los montes..." (Mc 13, 14). Este texto hace referencia a otro parecido de Daniel 11,31, pero lo que allí se refería al abandono del templo y aquí al abandono de Jerusalén. Es pasaje tiene que ver con la profanación que el general romano Tito hizo del  Sancta Sanctorum del Templo en la guerra del año 70, pasaje referido por Josefo en su Guerra de los judíos. Este acontecimiento es, para la comunidad marcana, la señal de que, no solo el Templo o la Ciudad Santa, sino toda Judea ha dejado de ser el lugar donde estar y hay que salir de allí para vivir como creyentes fuera de los ámbitos tradicionales. La comunidad marcana se ha distanciado de la tradición anterior y empieza a buscar otros sitios, otras formas de comprenderse como seguidores de Jesús.
 

Llevamos cuatro años en los que está tomando forma una cierta abominación de la desolación. De forma imprecisa, primero, pero perfilándose cada vez más en el ámbito político y mediático, asistimos a una sustitución de los valores morales en los que se tiene que basar cualquier concepto de ciudadanía por otros que se adaptan bien a los patrones de comportamiento corrupto de las élites sociales en España. Vemos cómo se relativizan conceptos como honradez,justicia legalidad. Este procedimiento está sirviendo para que los que han vivido por encima de las posibilidades de cualquier moralidad, por laxa que esta sea, salgan impunes de cualquier procedimiento judicial y hasta de cualquier consideración ética sobre su actuación. Lo que cualquiera puede entender como un acto de saqueo de las arcas públicas para beneficio personal y del partido al que se dice servir, es presentado como un mera acción de ingeniería financiera sin ningún tipo de consideración moral, más allá de la evaluación del resultado. Lo que cualquiera, hasta hoy al menos, entendía como un acto de fraude y estafa, es presentado como una acción normalizada dentro de las "flexibles" relaciones laborales que "son necesarias" para salir de esta situación. Es decir, que la única manera de acabar con el problema económico es eliminar las trabas legales para que los que se enriquecieron con las distintas burbujas, lo hagan ahora con el rescate público masivo de las rafias privadas contra lo común.
 
Algunos, incluso, se atreven a llamar a esto "regeneración democrática". Los mismos, por cierto, que han vaciado de contenido cualquier término moral aplicado a la vida pública en relación con la economía. Los mismos que han saqueado las cuentas de todos redirigiendo los fondos hacia consorcios privados de amigos y eliminando cualquier impedimento para ello. Los mismos, al fin, que han permitido, consentido, favorecido y encumbrado a la caterva de rufianes que se han enriquecido con el latrocinio constante de lo de todos. Ahora, tras vaciar de posibilidades el ámbito político, tras amarrar legalmente a la justicia, quieren erigirse como los defensores de lo de todos. Ahora, la zorra quiere guardar el escuálido gallinero. Lo lamentable, y creo que sucederá, es que el gallinero ansía que la zorra lo guarde. Creen que así, al menos, tendrá la ocasión de negociar cuántas y a quiénes se comerá. Olvidan, claro está, que la zorra primero mata a todas y después decide las que devorará.

 

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10.02.2013 16:03

No hay 6 millones, hay más de 7 millones de parados.

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Es cierto, lo decimos de entrada, en España no hay 6 millones de parados. El presidente de la Patronal, Juan Rosel, tiene toda la razón en esto, pero la tiene por defecto. No hay 6 millones de parados, hay ya casi 7 millones. Para afirmar esto me baso en los datos delInstituto Nacional de Estadística, los únicos con reconocimiento internacional para ser utilizados. Sin embargo, el señor Rosel se basa en una cierta percepción popular de que hay mucho "chorizo" que dice estar en paro, pero no lo está y además los hay que cobran mientras hacen "chapucillas" por ahí. Lo que viene a decirnos el sustituto del ínclito Díaz Ferrán, es que hay que cambiar la forma de contabilizar el paro y dejar de contar entre los parados a aquellos que, según la metodología de la EPA, no están inscritos como parados, pero sí querrían trabajar. Es más, seguro que preferiría restar de la suma total a aquellos que no acepten cualquier trabajo en cualquier condición que se le ofrezca al "parado". Con todos estos condicionantes la cuenta de parados se reduciría a menos de cuatro millones. Ese es el dato que maneja Rosel y el hacia el que el actual gobierno quiere avanzar mediante la estadística EPA o el registro de las oficinas de empleo.
 


Vamos a los datos que me sirven para afirmar que el paro real es de casi 7 millones. Según los datos del INE, el número de parados es el resultado de restar al número de activos el número de ocupados. En concreto, 23 millones de activos menos 16.957.000 de ocupados, el total son casi 6 millones de parados. Este dato es incontrovertible desde el punto de vista demoscópico y según todos los patrones internacionales de contabilizar datos sociológicos. Ahora bien, el propio INE nos da otro dato, el número de afiliados a la Seguridad Social. Este dato se refiere a todos los que cotizan, por tanto, los que tienen un empleo por cuenta ajena, los autónomos y los empresarios. Todo el mundo que cotice, aunque lo haga por 2 horas de trabajo semanal, está contabilizado. Para mí este dato es más fidedigno a la hora de saber cuántos trabajadores hay, pues mide lo que tiene efectos sociales, no el trabajo ilegal o en economía sumergida. Este dato son 16.179.000. Si al número de activos le restamos este otro dato, el número de parados se eleva hasta rozar los 7 millones. Incluso podría ser superior, pues si contamos que muchas personas disponen de un trabajo a tiempo parcial, no porque así lo quieran sino porque no encuentran otra cosa, es muy posible que el paro real, el que cuenta tanto los que no tienen trabajo como los que tienen un trabajo no digno, 2 o 3 horas semanales, podría rondar los 9 millones.
 
El jefe de los empresarios debería llevar más cuidado con sus declaraciones. Sobre todo tener presente lo que sucedió con su predecesor, aquel que decía lo de trabajar más y cobrar menos. Por la boca muere el pez y ahora se encuentra ante los tribunales por "chorizo" y sinvergüenza. A ver si dentro de un tiempo nos vemos a este Rosel en la misma situación del otro Ferrán por motivos similares. La justicia poética, la única que nos queda, es la que parece aplicarse sin miramientos. No estaría mal que alguien investigara a este señor, no vaya a ser que adolezca de lo que presume.

 

 

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10.02.2013 14:56

¿Capitalismo católico?

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Puede que muchos opinen que la Iglesia católica acepta sin más el modelo social del Capitalismo, pero no es así. La doctrina sobre el Capitalismo se ha ido perfilando durante los últimos pontificados de modo que tenemos un visión muy distinta a la opinión común que, por lo general, no es conocida. Entrando en materia hay que decir que el mal del Capitalismo estriba en haber quedado seducido por las palabras de la serpiente: seréis como dioses. La dignidad humana queda reducida a un mero consumo y gasta más allá de sus límites sin tener presente cuál es su dignidad como ser humano: la transcendencia del orden natural y el sometimiento de lo natural a lo humano. Lo que hace en realidad es crear unas estructuras de pecado que someten a los hombres a la más dura esclavitud, la esclavitud del tener, de las posesiones, por ello “las decisiones, gracias a las cuales se constituye un ambiente humano, pueden crear estructuras concretas de pecado, impidiendo la plena realización de quienes son oprimidos de diversas maneras por las mismas”[1].
 

 

El Capitalismo, regido por la lógica del mercado únicamente, tiene unos límites que la doctrina de la Iglesia ha dejado muy claros y que deben ser evitados para que el Capitalismo pueda ser considerado como un sistema aceptable. Hay exigencias humanas que no pueden dejarse a la libre decisión del mercado, ello llevaría a caer en algo igual o peor que lo criticado al comunismo, en la idolatría del mercado:
“Existen necesidades colectivas y cualitativas que no pueden ser satisfechas mediante sus mecanismos; hay exigencias humanas importantes que escapan a su lógica; hay bienes que, por su naturaleza, no se pueden ni se deben vender o comprar. Ciertamente, los mecanismos de mercado ofrecen ventajas seguras; ayudan, entre otras cosas, a utilizar mejor los recursos; favorecen el intercambio de los productos y, sobre todo, dan la primacía a la voluntad y a las preferencias de la persona, que, en el contrato, se confrontan con las de otras personas. No obstante, conllevan el riesgo de una ‘idolatría’ del mercado, que ignora la existencia de bienes que, por su naturaleza, no son ni pueden ser simples mercancías”[2].
Por ello nos hacemos la pregunta que el mismo pontífice se hace:
“¿se puede decir quizá que, después del fracaso del comunismo, el sistema vencedor sea el Capitalismo, y que hacia él estén dirigidos los esfuerzos de los países que tratan de reconstruir su economía y su sociedad? ¿Es quizá éste el modelo que es necesario proponer a los países del Tercer Mundo, que buscan la vía del verdadero progreso económico y civil?”[3].
El fracaso del Socialismo real no ha traído la desaparición de los problemas de marginación y explotación, especialmente en el tercer mundo. Su caída no ha sido el triunfo del bien y la justicia, antes bien, la injusticia ha aumentado y el bien anda en retroceso. Por ello, como dice el Santo Padre, “existe el riesgo de que se difunda una ideología radical de tipo capitalista” que en lugar de afrontar los problemas para solucionarlos “confía su solución al libre desarrollo de las fuerzas del mercado”[4].
 
Como añade el actual Pontífice en Caritas in Veritate 36, sin nombrar el Capitalismo, pero con referencia directa a su lógica: "La actividad económica no puede resolver todos los problemas sociales ampliando sin más la lógica mercantil. Debe estar ordenada a la consecución del bien común, que es responsabilidad sobre todo de la comunidad política. Por tanto, se debe tener presente que separar la gestión económica, a la que correspondería únicamente producir riqueza, de la acción política, que tendría el papel de conseguir la justicia mediante la redistribución, es causa de graves desequilibrios." 
 
Creo que la apreciación de la Iglesia sobre el Capitalismo es clara: tal como existe no puede ser aceptado. Solo si se limita su alcance y se ponen trabas a su lógica interna: el lucro, podemos decir que es un modelo aceptable. Pero el verdadero modelo de la Iglesia es una economía humana, dentro de la lógica del don y abierta a la gratuidad. Por eso podemos afirmar que no puede existir un modelo capitalismo católico, aceptado como tal. A lo sumo podemos llegar a transigir concierto Capitalismo, puesto que existe y no podemos eliminarlo, pero nunca aceptarlo como el modelo cristiano.

 


[1] Centessimus Annus 38. En el número 39 afirma el papa “la libertad económica es solamente un elemento de la libertad humana. Cuando aquella se vuelve autónoma, es decir, cuando el hombre es considerado más como un productor o un consumidor de bienes que como un sujeto que produce y consume para vivir, entonces pierde su necesaria relación con la persona humana y termina por alienarla y oprimirla”.
[2] CA 40.
[3] CA 42.
[4] Ibidem.

 

 

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02.02.2013 11:31

El dinero al servicio de las personas

 

 
Cada punto refleja un lugar donde se ha creado una moneda
Hace tiempo que me anda rondando la idea de proponer la creación de una nueva moneda que pueda servir como instrumento de intercambio de bienes y servicios entre las personas y a la vez como medio para la asignación de valor social, dos de las funciones que tienen las monedas en todo el mundo. Digo dos de las funciones porque la tercera, la de sistema de acumulación de riqueza, debería quedar fuera de esta nueva moneda. Es más, pienso que podríamos crear un sistema con una pluralidad de monedas, dependiendo de la  región y la actividad económica, cada una de ellas dependiente de una autoridad local o una comunidad amplia, integrándose en un sistema general del país para medio de intercambio internacional, manteniendo el euro, mientras exista o nos expulsen de él, como moneda oficial del Estado.
 


No es nada nuevo el hecho de que se creen nuevas monedas dentro de un país donde ya existe una oficial. Sea en tiempos de dificultad o durante periodos de guerra, los pueblos, municipios o, incluso, empresas, han creado monedas como medio para mantener la actividad económica y generar los recursos necesarios para la supervivencia. Grecia es hoy un ejemplo de ello. Existen ciudades o municipios que han creado su propia moneda ante la imposibilidad de acceder al crédito o poseer recursos monetarios cifrados en euros. Por tanto, crear moneda es una forma de obtener independencia económica y solvencia financiera. No se trata de ninguna locura. La verdadera locura es la que nos gobierna, la imposición de unas leyes que solo benefician a los oligarcas, a los plutócratas y a los allegados a los grupos de poder, que se reparten el dinero creado por las injustas estructuras del capitalismo financiero que rige los destinos del planeta. Ante la imposibilidad de tomar el poder o arrebatárselo, hemos de ser capaces de generar una realidad alternativa que nos permita vivir sin ellos hasta el día que podamos exterminarlos del planeta. Vamos a ver cómo hacerlo.
 
Todos deberíamos tener claro que el dinero no pertenece a quien lo posee, sino a quien lo crea. Es fácil de entender. Todos los dólares del planeta acaban volviendo a la FED, de una u otra manera, de la misma forma que todos los euros acaban regresando al BCE. Esto se debe a que el dinero es creado como medio para apropiarse de la riqueza material y laboral generada en un sistema social. Cuando los romanos llegaban a una zona y la conquistaban, lo primero que hacían era imponer un impuesto de capitación; todos los habitantes del lugar debían pagar una moneda. La única manera de obtener esta moneda era realizar algún trabajo o proveer algún servicio a las tropas romanas, que cobraban en las monedas del imperio. De este modo, el lugar extraía riqueza para el Imperio y este no tenía que hacer nada más que acuñar monedas. Las monedas no eran un fin, sino un medio para extraer la riqueza. Hoy sucede lo mismo. El euro es un fin para extraer la riqueza de los países. Todos necesitamos el euro y por ello hacemos lo que sea para obtenerlo: trabajar, comerciar, robar... lo que sea, porque el euro es el medio impuesto para vivir. 
 
Ahora bien, podemos intentar vivir sin euros o con la menor cantidad de ellos posible. Una comunidad humana necesita divisas para el comercio internacional, generalmente el dólar que es la moneda mundial de reserva, pero esas divisas las puede obtener mediante la venta de bienes que sean queridos por otros, o la realización de servicios a otros países. Bien, consideremos las cosas tal y como están: no podemos salir del euro sin graves perjuicios para el país. Una gobierno que no esté aliado con la corrupción del sistema imperante podría crear una moneda nacional sin abandonar el euro como moneda oficial. El modo es sencillo: se crea una moneda que sirva para pagar los impuestos estatales y en la que el Estado realice todos los pagos internos: funcionarios, parados, pensionistas, servicios, etc. De esta manera España dispondría de una herramienta que ha perdido al integrarse en el euro, que es la autonomía financiera. Con este nuevo dinero se podría salir de la barbarie de los recortes e invertir en aquello que tenga utilidad social y genere riqueza real para todos. Es evidente que deberíamos aceptar una reducción de nuestro nivel de vida, pero sería una reducción proporcional y equitativa, no como la que se está implementando. Los euros solo funcionarían para los pagos internacionales y para satisfacer la deuda, pero como España ya no necesitaría de los mercados financieros para abastecerse de ingresos, sino que podría generarlos por sí misma, la deuda acabaría por anularse en un periodo corto de tiempo.
 
Este modelo tiene peligros, como la inflación y la falta de inversión internacional, pero esto tiene solución: si reducimos nuestro nivel de vida y controlamos las grandes fortunas, acabaremos manteniendo una balanza comercial equilibrada, sin necesidad de financiación internacional y con un modelo económico respetuoso con el medio natural y verdaderamente humano, dedicado a satisfacer necesidades reales, no las inventadas o impuestas por el modelo consumista. Con la nueva moneda podríamos financiar la investigación, la educación, la sanidad, la cultura, el transporte colectivo eficiente y ecológico, la vivienda social y la producción y distribución responsable de los recursos. La nueva moneda sería el icono de la nueva sociedad que debemos crear. Y, por cierto, esa nueva moneda tendría fecha de caducidad, es decir, no serviría para la acumulación de riqueza, así no volveríamos a caer en el modelo corrupto y bárbara en el que nos vemos. Sé que es una utopía, pero más utopía es pensar que podemos seguir así mucho tiempo. Si hacemos esto, al menos, habremos puesto el dinero al servicio de las personas y no al contrario.

 

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29.01.2013 12:05

Esto se pone muy caliente

 

LLER
La temperatura media de la superficie terrestre, incluyendo los océanos, se ha elevado más de medio grado centígrado en diciembre respecto a la media del siglo XX. Este aumento responde a la tasa media de crecimiento de las temperaturas en el planeta desde la década de los setenta, cuando se empezó a tomar conciencia de este problema. 0,57ºC no parece mucho, pero hay que tener en cuenta que la temperatura media del planeta durante el siglo pasado no superó los 14ºC y ahora estamos llegando a una temperatura media por encima de 15º, siendo lo más preocupante la tasa de incremento, un 0.5% anual. Cualquier cosa que aumente a un ritmo del 0.5% anual, solo necesitará 150 años para duplicarse, es decir, que en 2163 podríamos tener una planeta muy calentito, tanto como 28ºC. Eso es una temperatura imposible de soportar para la mayoría de las especies, entre otras cosas porque se produce un aumento demasiado rápido como para poder adaptarse al cambio.
 


Nadie cree que esto vaya a producirse, todo el mundo piensa que ya haremos algo para que no suceda, que no es posible que los hombres dejemos que pase esto, que seguro que la ciencia... en fin, que ponemos innumerables excusas para no tomarnos nosotros en serio el problema. Y es que incluso los científicos más reacios empiezan a ver las orejas al lobo y ya no ponen paños calientes. El Panel Intergubernamental para el Cambio Climático (IPCC), ha publicado que se espera un aumento de la temperatura media en el siglo XXI respecto al anterior de entre 1.1 y 6.4ºC. En realidad, todos están convencidos que llegaremos a los 6.4, entre otros motivos porque el 1.1 ya lo hemos conseguido en apenas 12 años. Pero la cosa es peor aún. Los 6.4, es decir, una temperatura media superior a 20ºC, supones la destrucción de la vida en la Tierra tal y como la conocemos, pero es seguro que la retroalimentación de los efectos sobre el calentamiento global nos pongan en 22 o 25ºC a final de siglo. O lo que es lo mismo, alcanzaremos los terroríficos 20ºC en 2050, a la vuelta de la esquina.
 
En la actualidad se están dando tres procesos que se retroalimentan e intensifican el calentamiento general del planeta: el primero es la liberación de CO2, por todos conocida. En lugar de disminuir las emisiones, aumentan a tasas del 3% anual, con el riesgo de duplicarse a final de siglo, lo que produciría un incremento exponencial de la temperatura. El segundo proceso es la liberación de metano de los lechos oceánicos. El aumento de la temperatura del agua marina está permitiendo que el metano contenido en los lechos marinos someros se esté liberando de forma lenta pero constante, con el riesgo de que un aumento mayor de la temperatura del agua libere el gas de forma más impactante. Pero el más grave es el tercero. La pérdida del hielo de las zonas septentrionales está permitiendo que, de un lado, se aprese más calor solar y de otro se libere más cantidad de metano del sustrato del permafrost. Estos tres procesos, en conjunto, son una bomba de relojería con contador en marcha hacia una destrucción asegurada de las condiciones de vida en el planeta.
 
Los científicos serios están muy preocupados con esto, porque podría suceder algo que nunca hemos podido constatar en el Tierra: un cambio climático abrupto, no gradual. Si no hacemos nada por evitarlo, y parece que ese es el camino elegido, en 2020 es muy posible que no quede hielo en el Ártico en verano, lo que permitirá la apresar tanta radiación solar como para que no se congele completamente en invierno. Esto aumentará el efecto de acidificación del océano y la pérdida de fluidez de la corriente que calienta las costas atlánticas y trae las lluvias. Si este efecto no se frena, en 2030 podríamos estar ante una sequía persistente que secaría los veneros que nutren los grandes ríos europeos y las aguas subterráneas se salarían hasta niveles tóxicos. En 2040 podríamos estar ante una atmósfera que no filtre la radiación solar y el simple contacto con la piel produzca quemazones. La vida durante el día debería realizarse en el interior de los edificios. En 2050, la actividad humana podría verse gravemente impedida sobre la superficie terrestre. Los vientos huracanados producidos por las altas temperaturas, junto con la acción solar podrían acabar con todo rastro de vida superficial. La vida habrá de esconderse en el subsuelo o en fortines. En todo caso, no va a merecer la pena vivir en un planeta así.
 
Pero queda un rayo de esperanza: que de aquí a 2020 cambiemos de forma drástica, radical, nuestro modelo de vida en este planeta. Estamos a tiempo, como he dicho en varias ocasiones, pero cada vez menos.

 

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24.01.2013 10:16

Prospectivas (negras) 2013

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Lo cierto es que sin ser supersticiosos el 13 va a ser muy mal año. Los cuatro años anteriores, los que coinciden con el proceso de desconstrucción del Estato social según el modelo europeo de posguerra, la caída de la inversión pública en investigación, educación, sanidad y servicios sociales, nos ha dejado en el nivel de desarrollo humano que teníamos a finales de los noventa. Es decir, en cuatro años hemos retrocedido a la situación previa al inicio de la burbuja inmobiliaria y financiera. Sin embargo, los niveles de productividad económica y de creación de riqueza son similares a los que había justo antes de la crisis. Los datos no mienten: en cuatro años, el PIB solo ha retrocedido un 5%, contando el retroceso del 1,3% de 2012. Esto nos sitúa en 1,04 billones de euros de producción bruta anual. Es decir, cada año, en España, se producen más de un billón de euros, lo que permite tener un PIB per cápita de 23.000 euros. Una simple multiplicación nos permite comprender que el nivel de riqueza de España es descomunal y que el problema no está en la producción de riqueza, según los parámetros del modelo actual, sino en el nivel de la distribución de la misma.
 


Si el reparto de la riqueza fuese tan igualitario como lo muestra el dato del PIB per cápita, cada familia media disfrutaría de 92.000 euros al año de riqueza total. Ahí se cuenta tanto lo que percibe salarialmente como los servicios que el Estado presta a todos los ciudadanos: educación, sanidad, limpieza, transporte, cultura, etc. Sin embargo, lo que sucede es que hay una pequeña parte de la población, exactamente el 10%, se apropia de la mayor parte de la riqueza producida cada año y eso implica que el resto debe repartirse una cuantía inferior. Los datos del Informe Foesa, de Cáritas, lo muestran con meridiana claridad. Hasta 2005, fecha que puede tomarse como el fin del anterior modelo expansivo, en España se dedicaba un 20% del PIB a políticas sociales, mientras la media de UE rondaba el 28% del PIB, llegando al 35% en los países nórdicos. Otro porcentaje similar iba destinado a educación, sanidad, investigación y otros gastos públicos. Eso nos permite ver que la mayor parte de la riqueza producida en España estaba dedicada a agrandar las fortunas de la parte de población que ya disfrutaba de enormes privilegios.
 
Por otro lado, durante los años de crecimiento exponencial especulativo, al grito de "bajar impuestos es de izquierdas", se redujo la carga impositiva de esa parte enriquecida de la población, pasando de una tributación total neta del 56% en 1996 a menos del 35% en 2012. El dato nos dice con total rotundidad que gran parte de la crisis del Estado que sufre España no es debida a la deuda, sino a la descapitalización del Estado por medio de la reducción fiscal a las grandes fortunas y capitales. Si no se hubiera dado esta reducción impostiva, el Estado habría ingresado en los últimos 10 años más de 300.000 millones de euros, cifra que es semejante al montante total del rescate bancario más los recortes y las reducciones salariales. Dicho de otro modo, si los enriquecidos de este país hubieran pagado sus impuestos, nada de lo que hemos visto habría sucedido. En todo caso, se habría hecho pagar el pinchazo de la burbuja a los especuladores.
 
Mirando hacia este año que hemos comenzado la perspectiva es muy oscura. Estamos en 6 millones de parados, lo cual quiere decir que hemos reducido en un 25% la masa asalariada de España. Si este dato tuviera relación con el sistema productivo, el PIB debería haber sufrido una contracción semejante o cercana, pero hemos visto que solo se ha reducido un 5%. Esto quiere decir que hay tres millones de trabajadores menos, pero los que trabajan produce casi lo mismo. Por otro lado, tenemos que la masa salarial bruta ha perdido 2 puntos respecto al excedente bruto de explotación. En paladino, mientras las empresas ganan más parte del pastel, los trabajadores ganan menos. Existen datos espeluznantes como el de el dueño de Inditex: mientras sus trabajadores han visto reducidos sus salarios reales, la riqueza personal de este señor se ha duplicado en los últimos cuatro años.
 
Tras descapitalizar el Estado mediante las reducciones fiscales y luego de la privatización de servicios públicos, el siguiente paso, el que este gobierno dará este año, es desmantelar el sistema público de pensiones. De semejante manera a como se ha venido reduciendo la carga fiscal para las rentas altas, también se ha venido produciendo una reducción de las bases imponibles empresariales en los últimos 10 años. Primero fue con la excusa de que la economía iba bien. Se redujeron dos puntos de las cotizaciones a la Seguridad Social de los empresarios. En la última reforma se aplicó una reducción de dos puntos más a aplicar en dos años. Junto a esto se articularon una serie de incentivos y reducciones en cotizaciones que permiten a algunas empresas reducir hasta en un 20% sus cotizaciones, sea por contratación de parados de larga duración, de jóvenes en busca de empleo o de mayores de 60 años. La cuestión es que la SS está siendo descapitalizada para forzar su progresiva sustitución por un sistema privado de aseguramiento.
 
Negras perspectivas para este año de mal augurio para algunos. Pero también es cierto que todo esto puede cambiar si nos ponemos a ello. Es cuestión de empezar a pensar y actuar como adultos y dejarnos las formas de actuación infantiles. En el fondo, todos somos culpables de este robo sistemático de lo que de todos.

 

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18.01.2013 09:46

El Papa contra la "ideología del liberalismo radical"

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Instituto Teológico de Murcia OFM
Cuadernos de Teología Fundamental 11
La Jornada Mundial de la Paz es ocasión, desde hace 46 años, para que el Papa haga una reflexión sobre qué es lo que nos puede ayudar a alcanzar tan anhelado estado en el orden mundial existente. El mensaje de este año lleva por título "Bienaventurados los que trabajan por la paz", en alusión al macarismo evangélico que relaciona la paz, no con una intención o un deseo, sino con un trabajo, una acción humana determinada que debe llevarse a cabo y sin la que es imposible que la paz se dé. La paz, aunque don de Dios, don mesiánico, debe ser también labor humana. Si el hombre no pone de su parte, el don se pierde, se desaprovecha, no da el fruto para el que Dios lo otorgó y se pierde la oportunidad de alcanzar ese bien tan esquivo en los últimos decenios.
Como bien indica el Santo Padre, la paz no es un sueño, no es una utopía, la paz es posible (nº. 3). Pero es posible gracias a que muchos seres humanos se comprometen en un trabajo, un esfuerzo por asegurar lo que permite que la paz se dé: el respeto por los derechos fundamentales del ser humano y la exigencia más alta del Bien común como norma de vida en sociedad. No es de extrañar que el Santo Padre avise, en el número 4 del peligro que amenaza a los que trabajan por la paz, peligro que lleva a la persecución, sino física, sí ideológica, pues "el que trabaja por la paz debe tener presente que, en sectores cada vez mayores de la opinión pública, la ideología del liberalismo radical y de la tecnocracia insinúan la convicción de que el crecimiento económico se ha de conseguir incluso a costa de erosionar la función social del Estado y de las redes de solidaridad de la sociedad civil, así como de los derechos y deberes sociales". Esaideología del liberalismo radical es el mayor peligro hoy día, y el Papa lleva varios años denunciando su fuerza para imponer la falacia que propaga y que nos ha llevado hasta donde estamos. De ahí que la propuesta que mantiene Benedicto XVI en sus últimos documentos sobre la economía sea la que propone en el número 5 del documento: "Construir el bien de la paz mediante un nuevo modelo de desarrollo y de economía".
 
Los puntos fundamentales serían los siguientes: lo primero es que se necesita una nueva visión de la economía que sustituya la búsqueda del lucro y el productivismo por una nueva escala de valores en los que primen el desarrollo integral, solidario y sostenible. Donde la entrega a los demás desplace al individualismo solipsista y donde el Bien común brille como la luz que guía la construcción social. Ahora bien, si la dimensión personal del cambio es importante, tanto o más lo es que se practiquen otras políticas por parte de los Estados. Deben ser políticas que aseguren el progreso social y universal, que regulen estrictamente el sector financiero, de modo que no puedan hacer daño a los pobres, y, especialmente, que se asegure el derecho a la alimentación, en riesgo por las mismas prácticas especulativas de un sector financiero desbocado y sin límites. El Papa atribuye a los que trabajan por la paz una cierta categoría de resto, los justos entre las naciones desde los que se puede construir un mundo verdaderamente humano, donde la justicia, la libertad y la solidaridad sean insignias visibles por todos. En estos pocos puntos, el Santo Padre ha puesto el dedo en la llaga de la crisis de civilización que vivimos. Y no está solo en eso, son muchos los que siguen, seguimos, esa línea de reflexión, crítica con el modelo liberal actual, de un lado, propositiva de nuevos modelos, de otro.
 
En la línea crítica y propositiva, no por casualidad, se movieron las conferencias que conformaron en marzo de 2012 las XXV Jornadas de Teología celebradas en el Instituto Teológico de Murcia OFM. En aquella ocasión todas las conferencias, incluida la mía, iban en la línea propuesta en este documento del Pontífice, pero especialmente la intervención deEnrique Lluch Frechinarevisada y ampliada en el Cuaderno de Teología Fundamental 11, publicado en octubre de 2012. De forma programática, nos dice el autor en la introducción a la obra: "este cuaderno pretende describir cuáles son los valores económicos más importantes en estos momento, centrándose sobre todo en aquellos que dirigen la política pública en unos tiempos de crisis como los que estamos viviendo" (p. 8). Como acaba de decir Benedicto XVI, lo importante son los nuevos valores y las políticas públicas. En los primeros tres capítulos nos muestra la crítica profunda y descarnada del modelo imperante que nos ha llevado hasta esta situación. Coincidiendo punto por punto con el análisis del documentos pontificio, detecta en la búsqueda del crecimiento económico a toda costa (p. 11-12), el afán de lucro (13-14), y la pérdida de legitimación de lo público, especialmente el Estado (38-42), los principales males del modelo liberal vigente, causante de la crisis social y económica que vivimos. Si esos son las causas, los remedios deben ser parejos a los que el Papa propone. Efectivamente, Lluch Frechina da una serie de "medidas anti-crisis" (46-53), para torcer el curso de los acontecimientos, generar esperanza y lograr la paz, meta de todo orden social que pretenda ser justo.
 
El diagnóstico de Lluch Frechina es claro. La crisis y las medidas para solucionarla se nos han impuesto "con un aire de irremediabilidad" (p. 53) que resulta incuestionable, sin embargo, ni la crisis era irremediable, ni las medidas son incuestionables. Nada de lo que se ha hecho para solucionarlo lo ha logrado, al contrario, la gente cada día sufre más y los que de verdad causaron todo esto siguen aumentando sus privilegios y sus fortunas. Por tanto, lo que hay que hacer es poner a funcionar los valores verdaderamente humanos que coinciden con los valores cristianos: poner la economía al servicio del hombre, establecer el desarrollo humano como criterio prioritario frente al afán de lucro y la búsqueda de productividad, dar prioridad al trabajo frente al capital, poner todo el modelo económico al servicio del Bien común y garantizar que todos, especialmente los más indefensos, se ven colmados en sus necesidades humanas. 
 
Concluye el autor de este precioso texto 8 propuestas, a modo de aplicación de los macarismos evangélicos y en extensión del adagio del Papa "los que trabajan por la paz". El trabajo por la paz puede hacerse: 1. Modificando nuestro comportamiento económico cotidiano: no basta con exigir que el modelo social cambie si nosotros seguimos consumiendo desaforadamente y no respetando los límites del planeta. 2. Dando formación económica a los jóvenes: sin esa formación serán fácilmente manejados por el modelo productivista. 3. Cambiar los objetivos políticos: deben ser los valores del bien común y de lo público los que se privilegien. 4. Crear empresas que estén al servicio de la sociedad: en los últimos decenios se ha ido desmontando el sector público y pasando toda producción al privado, regido por el ánimo de lucro, se trata de torcer el camino y virar hacia una sociedad que satisfaga necesidades, no que produzca riqueza. 5. Potenciar las finanzas éticas y responsables: mediante la intervención pública y la regulación estricta. 6. Cambiar la orientación de la investigación económica: convertir los centros de estudio e investigación en lugares para la reflexión en el nuevo modelo social que hemos de implantar. 7. Modificar los criterios de los mass media en la comunicación económica: no prestando tanta importancia al enriquecimiento y la productividad y sí a la satisfacción de las necesidades reales de los hombres; valorando el esfuerzo y la entrega y no la especulación y el egoísmo. Y 8. Aplicar estos principios en la labor parroquial y catequética: si los cristianos no somos los primeros será difícil que otros lo hagan, nuestra fe lo exige.

Como se puede colegir de lo dicho, la línea argumental del texto de Lluch Frechina coincide punto por punto con lo expresado por el Sumo Pontífice el pasado 1 de enero y con lo que la reflexión creyente cristiana debe hacer para poner encima de la mesa las propuestas de cambio que se están necesitando. Es urgente este cambio de modelo que nos permita construir una sociedad en paz. La Economía de la Esperanza es el camino para ello.

 

 

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16.01.2013 10:03

Sangre por petróleo, otra vez.

 


La zona amarilla indica bolsas de petróleo
Una de las características que tienen los conflictos del siglo XXI, y que los une a todos por encima de consideraciones de otro tipo, es que son conflictos por los recursos. Los países centrales de lo que ha venido siendo denominado como Occidente, es decir, los países enriquecidos por el orden capitalista mundial, son países pobres, muy pobres en recursos, especialmente en recursos energéticos. El 90% de los recursos fósiles o nucleares están situados en países empobrecidos y marginados tradicionalmente y que ahora tienen un valiosos recursos para hacer valer su posición geoestratégica en el mundo. El control del petróleo, el gas y uranio y plutonio recae sobre tres o cuatro zonas en el mundo que están situadas en América del Sur, África y Oriente Medio. Los países enriquecidos solo pueden mantener su posición, alimentar su máquina de enriquecimiento, si son capaces de asegurar los suministros energéticos, cosa que está siendo puesta en cuestión desde la década de finales de siglo pasado. Entonces, una nueva política del capitalismo mundial entró en escena y empezó a mover los cimientos del orden anterior. La nueva doctrina venía  a decir poco más o menos: "donde quiera que estén los recursos, son nuestros".

Esta nueva política mundial necesitará de una fuerte implementación para conseguir que las opiniones públicas occidentales lo acepten y aquí es donde entra la "doctrina del shock". Como dijera Friedman en su célebre Capitalismo y Libertad, "solo una crisis —real o percibida— da lugar a un cambio verdadero. Cuando esa crisis tiene lugar, las acciones que se llevan a cabo dependen de las ideas que flotan en el ambiente.  Creo que esa ha de ser nuestra función básica: desarrollar alternativas a las políticas existentes para mantenerlas vivas y activas hasta que lo políticamente imposible se vuelva políticamente inevitable". Dicho en paladino: hay que forzar la sociedad para que se cumpla lo que necesitamos. Dicho y hecho. Los acontecimientos del 11S abrieron la puerta a las intervenciones militares que posibilitarían la implementación de la nueva doctrina. Primero fue Afganistán, lugar por donde debía pasar el petróleo del Caspio y lugar por donde pasa el petróleo a China. Luego Irak, bajo cuyo territorio se encuentra la mejor fuente de crudo del mundo. Ha seguido Nigeria, Libia y ahora Siria. Libia es importante, no tanto por los yacimientos, cuanto por ser la llave de acceso a África. Siria lo es porque su territorio es fundamental para sacar el petróleo irakí sin pasar por Irán y así poder proyectar una intervención en Irán sin problemas añadidos.
 
La intervención en Libia tuvo una derivada con la que no contaban. Los grupos mercenarios del dictador libio eran, en su mayoría, malienses. Tras la derrota, todos estos soldados de fortuna volvieron a su país y se unieron a las fuerzas que luchaban en el norte de Mali, con las consecuencias que hemos vistos el último año. Ahora, cuando el riesgo de que el norte de Mali, cuyo subsuelo está inundado de petróleo, caiga en manos de Al-Qaeda, es alto, los intereses internacionales, representados por Francia, intervienen sin ningún pudor, puesto que 10 años de destrucción del sistema de derecho internacional permiten que cualquiera, invocando intereses "humanitarios", intervenga militarmente en cualquier lugar.
 
A diferencia de la guerra de Irak, que provocó una movilización internacional sin precedentes, el resto de guerras, todas ellas igual de ilegales e injustas, bajo el paraguas ideológico de "intervención humanitaria", han pasado casi desapercibidas para la ética de la ciudadanía. La doctrina del miedo ha funcionado y todos estamos anestesiados ante tamaña barbarie cometida en nuestro nombre, con nuestro dinero y para nuestro beneficio. Es evidente que nosotros no queremos que se mate, extorsione o viole, pero todo eso se hará en nombre de los valores de Occidente, valores que representa mejor que nadie la insignia tricolor de las tropas francesas. Cuando, de vuelta, recibamos el, quizá injusto, pago por nuestras acciones; cuando estallen centros comerciales, secuestren cooperantes, asesinen escolares, no preguntemos ¿por qué?, como si no supiéramos la causa. Quien a hierro mata a hierro muere, dice la sabiduría popular. Por muy injusto que sea, es así por la naturaleza misma del desorden mundial establecido. Otra vez "sangre por petróleo", otra vez, una amenaza se cierne sobre nosotros.

 

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14.01.2013 09:14

El crimen perfecto

 

Una de las obsesiones más profundas de las sociedades disciplinarias, como las llama Foucault, es la transgresión de la ley, de la norma, de las costumbres. Es normal que sea así, cuando la obsesión social es el control, la obsesión del subconsciente es la transgresión. Se trata de un ejemplo claro del principio físico de acción y reacción llevado a la estructura socioanímica. Durante el siglo XIX y buena parte del XX hubo un buen puñado de ejemplos literarios y fílmicos de esta obsesión: llegar a cometer un crimen y que el culpable salga indemne. Las novelas de Agatha Christie o algunos films de Hitchcock van en esta línea. Pero, el culpable, al menos en la ficción, siempre es cogido, sea por la sagacidad del investigador, capaz de encontrar los pequeños cabos sueltos de la coartada, sea por la necesidad del criminal de dar publicidad a su acto. La cuestión es que el crimen no es rentable y que, más tarde o más temprano, el culpable debe pagar por su delito.
 


Una variante de este modelo lo tenemos en los años noventa y principios de este siglo, en el cine, por llamarlo así, pseudobudista, en el que el crimen se paga, pero no inmediatamente o con pena legal, sino de forma diferida y de manera moral o vital. Hay films como Mystic river, o 21 gramos, donde el pago de la deuda es algo así como un kharma que abarca a todos los hombres y todos los actos de estos, de modo que los hechos, buenos o malos, deben compensarse a lo largo de la vida de cada individuo, de su propia familia, como en el caso deMystic river, o de la esencia humana, 21 gramos. Se trata, en estos casos, no de un cambio de modelo social, más ligth, diríamos, sino de una mutación de las sociedades disciplinarias de los sesenta y setenta. Es una mutación, porque la obsesión por el control y la transgresión persiste, pero hay una ampliación desde lo legal a lo moral y al conjunto de la humanidad.


 

No se puede decir que en estos momentos hayamos salido de una sociedad disciplinaria, en absoluto, estamos inmersos en un proceso de amplio calado para conseguir disciplinar a la sociedad, pero de forma tal que los individuos creen, tienen para sí, que son libres de hacer lo que hacen y de que no hay más opciones ni más modelos posibles de sociedad. Dicho de otro modo, lo que está sucediendo es que las sociedades están siendo disciplinadas mediante la suavidad del espectáculo y el destello de los productos de consumo, un destello que deslumbra las escasas, ya, capacidades críticas de los individuos. En una sociedad así, la tendencia a la transgresión de las normas sociales se ha visto trasladada a otro ámbito. Si otrora la transgresión era el asesinato, con el crimen perfecto como meta, en esta hora presente la transgresión es el enriquecimiento fácil, rápido, de cualquier modo, con la evasión a paraísos fiscales como meta final.
 
Las normas que se mantienen de forma oficial son que hay que esforzarse para llegar a "ser alguien en la vida". Que hay que crear riqueza y que esa riqueza hay que disfrutarla, sin excesos. La transgresión es que el esfuerzo es signo de debilidad y que lo importante es tomar la mejor parte posible del pastel, no hacerlo más grande. El tipo modelo es el trader, eldaytrader. Un ser huero con aire zen y mucha testosterona, pero con  apariencia noble y educada. Algunos de ellos, incluso, parecen buenas personas, a pesar de las idioteces que dice. Pero la cuestión es que viven para trasgredir las normas establecidas de la producción de riqueza y disfrute moderado de la misma. Su vida es jugar con los valores bursátiles sin añadir ni quitar nada al valor de las cosas, pero modificando la localización del dinero, en sus cuentas claro. Tras eso, que les puede llevar un par de horas diarias, dedican su vida al culto al cuerpo y al placer de romper límites, todos menos los legales. Son trasgresores hasta en la trasgresión. No temen ser cogidos en el delito, pues no lo hay; tampoco temen el kharma, pues sus acciones son inocuas, creen. No creen en nada ni en nadie salvo en la parte de Universo delimitada por los varios billones de moléculas que conforman un ser al que llamanyo. No creen en nada, no temen nada, no piensan nada, no aman nada, no lloran por nada. Solo tienen límites que romper, deseos que satisfacer y un tiempo limitado para cumplirlos.Hoy es tarde, es su lema.
 
El crimen perfecto ha sido cometido, el ser humano, en tanto ser relacional, con deberes y responsabilidades, ha sido sustituido por un conglomerado de células unidas por un único interés: satisfacer sus deseos hasta el límite legal. Este es el más perfecto de los crímenes, nadie buscará un culpable legal al no haber cuerpo del delito, ha sido sustituido y nadie ha notado el cambio. Nadie sancionará la conducta con normas morales porque todos desean ser eso mismo. Nadie hará el vacío a un ser así porque "cada uno es libre de hacer lo que quiera".

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