El ser humano es capaz de cambiar su mundo


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11.04.2013 10:32

Crisis del mundo, no en el mundo.

 

Una de la tesis que defiendo en mi último libro es que la crisis en la que nos encontramos no es una más de las crisis que ha sufrido el modelo de mundo, y en este término resumo tanto lo económico como lo social, político e histórico, sino que estamos ante la crisis delmundo, del modelo de mundo, del sistema-mundo, que llamaría Wallerstein. Creo que está bien explicado en el libro y fundamentado, aunque serán los lectores con sus críticas quienes lo juzgarán, pero aún así hay que insistir en ello, porque el modelo vigente se resiste a desaparecer y se mantiene corriendo en el aire, como el Coyete tras el Correcaminos cuando en la persecución corre encima del abismo. El modelo no quiere mirar hacia abajo y ver que, efectivamente, estamos en el abismo como modelo de mundo. Ahora, solo queda dejarnos caer como tal y avanzar hacia otro modelo que nos permita sobrevivir como especie y ser realmente humanos, no meros reproductores de un orden social nocivo y suicida.
 
Pero el problema empieza en la misma configuración terminológica del problema. Los medios de comunicación, en general y como buenas correas de transmisión de la ideología de los grupos de poder y las élites sociales, machacan cada día la idea, de vieja raigambre neoliberal, de que no hay alternativas. Muerta la que hizo famosas las siglas, TINA (There is no alternatives), no parece que su legado acabe de morir y los mantras publicitarios insisten: este es el modelo social único, hay que seguir produciendo y consumiendo, hay que seguir generando beneficios, hay que aumentar la tasa de ganancia, hay que... mantener el capitalismo, palabra maldita otra vez que ha vuelto a ser protegida tras sacarla a pasear un par de años, aquellos en que iniciara la crisis. Pero ahora, tras la derrota de los modelos críticos y alternativos (sí, no me equivoco, las alternativas han sido derrotadas por la miseria que ha traído la crisis), el nombre que define el modelo, capitalismo, vuelve a ser protegido en el Olimpo de las sagradas ideas sociales. De esta manera se cierra perfectamente el discurso y solo podemos dedicarnos a ver cómo arreglar este mundo que se nos cae, sin ser capaces de atisbar otro mundo distinto que ya no sea el capitalismo. El capitalismo ha muerto, pero cual zombi, sigue devorando víctimas sin más objetivo ni sentido que seguir persistiendo, no ya existiendo.
 
Solo los que han leído a Marx, solo los que se han tomado en serio a Marx, gentes tan poco sospechosos como George Soros o Warren Buffet, por ejemplo, magnates ambos de las finanzas, saben que estamos ante la muerte del capitalismo. Por ese motivo están tomando todas las medidas posibles para que esa muerte se alargue tanto como sus propias vidas, les da pánica pensar en lo que vendrá después, pues sea lo que sea, supondrá la pérdida de sus fortunas y una situación, para ellos seguro, mucho peor. La rabia y el odio con los que reaccionan aquí en España contra las víctimas del moribundo capitalismo: desahuciados, parados, inmigrantes, disidentes, etc, nos da un índice muy fiel de lo poco que falta para que se hunda. Cuanto más gritan, cuanta más violencia utilizan, más cerca está la muerte del modelo. Porque el modelo capitalista tiene su base en el aumento constante de la tasa de ganancia, de ahí la necesidad de la productividad, y en la conversión de todo valor social y natural en valor económico apropiable por las élites. La tasa de ganancia lleva cayendo en picado desde finales de los años sesenta, ese, y no otro, es el motivo de la crisis del capitalismo: la muerte de su esencia. El planeta tiene límites y el capitalismo ya los ha sobrepasado.
 
Ahora bien, no seamos ilusos, como lo fueron tantos críticos de corte hegeliano, pensando que la muerte del capitalismo era suficiente para avanzar hacia una sociedad justa y humana. No, la muerte del capitalismo nos puede llevar también hacia una barbarie total en la que acabemos deshumanizados. Tenemos que ir construyendo, desde ahora, desde dentro del capitalismo, aquella realidad que queremos vivir cuanto antes. Como dijera Kuhn de los paradigmas, desde dentro del paradigma en extinción empieza a surgir, desde sus propias anomalías, el nuevo paradigma. Seamos esas anomalías del paradigma capitalistay creemos las condiciones para otro mundo que ya se antoja imprescindible.
 
 
 
*Para los profesores y alumnos del Bachillerato de Investigación del Instituto Francisco Ros Giner de Lorca, con quienes pasé un rato muy agradable hablando de estos temas.

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29.03.2013 19:13

El nazismo hoy

 

Dice Roberto Esposito, en un magnífico libro traducido por Herder*, que el nazismo abrió una forma nueva de hacer política, forma que Foucault había identificado como biopolítica y podía ser achacada a todos los totalitarismos, pero al ver de Esposito, el nazismo lo hizo de forma sublime: identificó su proyecto político con su proyecto social y biológico. Sus exterminios no eran ideológicos, sino higiénicos. Se trataba de sanar al cuerpo social extirpando los agentes contaminantes y los contaminados, era una cuestión de salud pública. Pero lo más grave, lo más preocupante, lo que nos debe llevar a pensar de forma serena qué mundo estamos construyendo es que el nazismo alberga una dimensión que forma parte de nuestro mundo posmoderno, el mundo de hoy es la expresión acabada del nazismo. La globalización posmoderna es la victoria póstuma de Hitler.
Esposito lo expresa como la esencia del proyecto posmoderno: "al hallarse el nazismo fuera del proyecto moderno, decididamente situado después del mismo, acaricia, de manera vergonzosa, una dimensión que forma parte de nuestra experiencia de posmodernos". 
Si el proyecto moderno puede ser identificado mediante tres elementos sustanciales: elsujeto capaz de pensar el ser y construir su historia, la razón como instrumento que puede llevar a cabo ese proyecto y la historia como un relato de progreso constante, entonces el nazismo es decididamente no moderno. No tiene razón Hanna Arendt al identificar el nazismo y el comunismo como dos totalitarismos. El comunismo, se mire como se mire, es una radicalización del proyecto moderno, lo realiza, de alguna manera. El sujeto que piensa y construye la historia es la clase social, la razón que lo explica es la económica y la historia es considerada como un progreso mediante la dialéctica de la lucha de clases. El comunismo es un totalitarismo, pero moderno, por tanto, en cierto modo, reconducible hacia posiciones menos extremas. El problema del nazismo es que al nacer, no de la radicalización de la modernidad, sino de su descomposición elimina cualquier terreno común en el que se puede "pactar" con él. El nazismo sustituye el sujeto por la raza, la razón por la biología y la historia de progreso por el Reich. Con el nazismo traspasamos la modernidad, y lo hacemos hacia atrás, hacia la barbarie de los grandes imperios, pero con la técnica refinada de la ciencia moderna.
 



El nazismo, hoy, ha dejado la retórica, quizás lo único moderno que le quedaba, milenarista y ha adoptado un lenguaje adaptado a los spot publicitarios. Mediante el smart power se extiende por todo el planeta un suerte de no-guerra, que produce no-víctimas a las que no hay que resarcir. La raza ha sido sustituida por el concepto jurídico de persona, es decir, aquel que tiene los papeles que le identifican como miembro de una comunidad determinada.Esa "persona" puede disfrutar de los beneficios que el Estado le quiere reconocer, el resto, los no-personas, pueden sufrir cualquier tipo de acción preventiva que evite el contagio del cuerpo social. Así, los no-personas como los inmigrantes sin papeles o aquellos que los perdieron, pueden ser identificados, arrestados y expulsados del país, sin más miramientos. Entre el público en general, entre aquellos que aún son "personas" se empieza a extender el miedo a caer en la no-personeidad y eso, como en la Alemania de Hitler, empuja al cuerpo social a la repulsa, la delación y el ataque, si con ello se considera que se mantiene lejos el peligro. En la actualidad, el miedo a dejar de ser "persona" es mucho mayor que en la época hitleriana. Entonces, se dejaba de ser "persona" por tener un cuarto de sangre judía y eso era algo constatable; hoy, se puede dejar de ser "persona" simplemente por disentir. En el estado de excepción permanente (Giorgio Agamben) en que vivimos, cualquiera puede dejar de ser "persona", puestos sus derechos en suspenso, apresado y encarcelado durante meses, simplemente por haber participado en una protesta social. Mañana, esto puede suceder por escribir cosas como estas.
 
Hoy, el nazismo se extiende sin necesidad de perseguir y apalear a los disidentes; se extiende mediante el miedo; se extiende mediante la indiferencia; se extiende en los muchos espacios televisivos que van filtrando, permeando, el mensaje de la no-personeidad, que justifican las medidas discriminatorias en función de supuestas necesidades económicas y que proponen como alternativa real la expulsión, forzada o no, de aquellos que puedan ser un estorbo para el régimen: los disidentes, los diferentes, los jóvenes, los inmigrantes, los críticos, los funcionarios, los periodistas, los... todos pueden sufrir la pérdida de su condición de "persona", pues ya no es una realidad que se adquiere por naturaleza, por nacimiento, sino que es el poder el que decide sobre ella. Hitler ha vencido, la posmodernidad globalizada es su victoria. El nazismo hoy somos todos.



*Roberto Esposito, Comunidad, inmunidad y biopolítica, Herder, Barcelona 2009.

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26.03.2013 17:27

Abre los ojos

 

Los datos están sobre la mesa. Las estrategias se muestran a las claras en las acciones que vemos por parte de los actores participantes en esta comedia que se escenifica en Europa en los últimos meses. No sé si a esta altura de la película siguen cabiendo dudas de qué papel juega cada cual y hacia donde se encamina todo esto. ¿Quedará gente todavía tan insensata, ciega o estúpida para dudar de qué es lo que está en juego? ¿Alguien duda ya que esto es un robo a gran escala perpetrado por los que se ha hecho dueños de todo en Europa desde 1992, con el tratado de Maastrich? A pesar del ruido mediático, cuando la gente pierde sus casas, que son suyas según ha determinado el tribunal europeo competente, cuando las personas pierden sus trabajos, cuando los trabajadores deben aumentar su jornada y reducir su sueldo, cuando se pierden derechos, que no dádivas, cuando el empobrecimiento amenaza al 50% de la población, poco puede hacer ya la mentira ideológica que propagan los medios más afines al modelo. Ni siquiera las brabuconadas de los Cuesta, Merlos o Jiménez de turno pueden acallar la verdad que se extiende como un reguero de pólvora por las conciencias. Mientras las personas aguantan estoicas un desahucio, estos voceros del poder muestran su lado más sensible. Qué penita estas pobre gentes que se endeudaron más de lo que podían y ahora pierden su casa, dicen a cámara con gesto demudado. Pero, cuando los estafados reclaman su derecho, cuando se niegan a la violencia del Estado contra ellos, entonces enarbolan la bandera que siempre tienen a mano:¡terroristas!, les gritan, pretendiendo acallar el murmullo entre las filas no tan prietas del poder. Pero ya no cuela, nadie va a creer que una madre que ve cómo dejan a sus pequeños en la calle y llora amargamente su destino es un vil asesino en potencia.
 



Chipre está marcando el camino de un futuro no muy lejano. En España hemos visto como los intereses del capitalismo financiero se han impuesto con extrema violencia, pero esto no ha hecho más que empezar. Primero hemos asistido al crimen contra las familias, a las que se han robado sus ahorros y sus casas para salvar a los bancos que se habían jugado el dinero en el casino internacional y en el ladrillo nacional. Después vimos cómo se ponía un Estado al servicio del capital especulativo, eliminando todas las trabas para el enriquecimiento rápido, reduciendo los derechos sociales y humanos que aún existían en este país y procurando por todos los medios que los poseedores de capital pudieran poner a salvo sus dineros. En los últimos dos años han salido de España más de 500 mil millones de euros con destino a los territorios libres de obligaciones fiscales. Se trata de un éxodo propiciado por los gobiernos y en el que participan activamente sus miembros. Se puede decir que casi la totalidad de la riqueza nacional está fuera de España, solo los que no poseemos nada o casi nada nos hemos quedado aquí. Por eso debemos temer el siguiente paso.
 
Igual que a los ciudadanos de Chipre se les ha incautado el dinero de las cuentas bancarias para pagar la fiesta que se dieron sus bancos, los españoles debemos temer que suceda igual en España. Chipre puede haber sido una simple prueba para ver cómo actuar y qué reacción tendrá el sistema. De momento, el flujo de capitales españoles hacia el extranjero ha aumentado de forma vertiginosa. Chipre ha sido la consigna que algunos estaban esperando para sacar su dinero del país. El siguiente paso bien puede ser un corralito financiero en España para poder pagar la enorme deuda privada que ya ha sido completamente nacionalizada. Si al comienzo de la crisis en 2008 la deuda pública apenas superaba el 30% del PIB, mientras la privada alcanzaba el 300%. En estos momentos, la deuda pública es de casi el 100% nominal, a lo que hay que sumar la deuda total de la banca, 200%, de la que el Estado se ha convertido en avalista efectivo tras el rescate bancario que hizo Europa y la constitución del mal llamado banco malo, una verdadera estafa a los españoles en palabras del Rajoy pre-elecciones. Ahora, la única deuda privada que no se ha nacionalizado es la que poseen las familias y los particulares, que ha decrecido del 100% al 80% del PIB. 
 
Todo esto quiere decir que España se acerca al precipicio del corralito, el default financiero y la ruina absoluta en los próximos meses, creo que no más allá de primavera siguiente. Los que tienen el dinero ya lo han puesto a buen recaudo o lo han convertido en deuda pública. Tras cinco años de crisis-estafa, ha llegado el momento de recoger los frutos tan largamente elaborados. España está a punto para la recolección y eso no ha escapado a los especuladores financieros. Como decíamos en un post anterior, tras ordeñar la ubre, se comerán la vaca. Estamos listos, lo único que lo puede impedir es una apertura de ojos colectiva.

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21.03.2013 12:34

Sincronizando primaveras

 

Como en una letra de Silvio, andamos sincronizando primaveras. El invierno dura tanto, hace tanto frío, que ya andábamos ateridos, sin poder mover los huesos para avanzar, aunque fuera a la tumba y descansar por fin, lejos de tantos muertos que se creen poseedores del hálito vital y que se arrastran por los palacios y los despachos en un intento por devorar cuanto queda de vida en este puñetero mundo. 
Ha durado demasiado, casi pedíamos, como en una del oeste: "miénteme, dime que me estabas esperando". O en Almodóvar: "miénteme, dime que me quieres". Porque deambulan muchos buscando las mentiras que les permitan sostener la farsa en la que viven más cómodos. Las buscan en los medios de comunicación, y las encuentran; las buscan en algunos sectores eclesiales, y las encuentran; las buscan en sus sueños, y las encuentran. Ni tan siquiera un spot publicitario que les grita "¡despierta!", les saca del ensueño, como todo en publicidad es lo opuesto de lo que pide. Su grito es "¡duerme, imbécil!", y el imbécil duerme.
Llevo tres años, desde que la crisis-estafa empezó a hacerse crónica, intentando despertar, como el gallo en la mañana. Pero para eso hay que vigilar, como el búho en la noche. Me uno a los hermeneutas de la noche que velan el sueño de los que buscan con linternas por la mañana y allí encuentro a los que murieron en la construcción de otro mundo. Está Walter Benjamin,perseguido por los enemigos de los hombre; está Rosa Luxemburgo, arrastrada por los compinches de los asesinos; me uno a Simon Weil, unida en cuerpo y espíritu a los obreros. Con estas fuerzas se divisa mejor la batalla y encuentro los ánimos para gritar la mentira implantada, en los cerebros, en las calles, en los diarios.

El libro que publico en Herder, No podéis servir a dos amos. Crisis del mundo, crisis en la Iglesia, ha llegado justo a tiempo, cuando la primavera astronómica nos regala otra vez los aromas de azahar y los verdes tenues de los almendros desflorados. Llega cuando la primavera empieza a hervir la sangre y los deseos, empieza a empujar a unos hacia otros y los llama al amor y el compromiso. Llega cuando en la Iglesia, amada y odiada, la santa putade los Santos Padres, la Babilonia y la Jerusalén de la Escritura, empieza a renovarse la primavera de los sesenta y los inciensos se tornan azahares, y los cuervos colibríes, con alas livianas y puras (amado Silvio scripsit). Con esta obra se sincronizan las primaveras y los deseos y los amores y los gozos de los que hemos atravesado un largo desierto, más de treinta y cinco años, de imposición del liberalismo radical (Benedictus XVIdixit), en el mundo, en la Iglesia, en los hogares, en los cerebros, en los espíritus.
 
Mi deseo es que este libro ayude a interpretar y comprender el mundo en quiebra y a comenzar a construir otro mundo que empieza a ser imprescindible. Tenemos que hacerlo todos, cristianos y musulmanes, judío e hindúes, budistas y ateos, incluso los indiferentes. Porque nadie puede ya dejarse perder en la indolencia. No hacer nada hoy, es ser culpable del deceso de la humanidad. Espero poder compartir esto con mucha gente que está en la brecha y que nos lleva la delantera, y con los que aun no han comenzado el camino. Que para unos sea estímulo y para otros acicate.

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15.03.2013 11:38

El papa Paco y los retos de la Iglesia

 

Ya tenemos papa y se llama Paco, con todos los respetos. Me permito esta familiaridad por lo común del nombre entre nosotros. Es muy curioso que Francisco tenga tantos hipocorísticos en nuestro idioma: Paco, Kiko, Curro, Pancho. Creo que es el nombre que más tiene y no lo es por casualidad. Desde el mismo idioma se irradia la cercanía que rezuma el nombre del gran hombre de Asís, aquel que supo vencer la arrogancia y la altanería con humildad y firmeza en las convicciones. El Poverello ha inspirado siempre a los pobres para alcanzar la dignidad que se les arrebata por parte del poder y eso lo han agradecido siempre los excluidos. Por esto me atrevo a llamar al papa Francisco, Paco, pero también porque en las pocas horas que está ocupando la sede episcopal romana, nos ha dado indicios suficientes para abrigar muchas esperanzas en esta época que se abre. Los signos que hemos visto nos permiten atisbar buenas nuevas en el futuro cercano que nos permitan soñar con una Iglesia pobre, con los pobres y de los pobres; con una Iglesia humilde y sencilla que abdique de los fastos del poder; con una Iglesia servidora que no se arrodille ante las riquezas terrenales. Muchos de esos signos son sencillos, pero están cargados con una poderosa arma: la dignidad de lo humano.
Nada más salir al balcón de la plaza de San Pedro, pudimos ver a un hombre sencillo, de blanco inmaculado, sin más signos externos que nos hablaran del poder que tras aquellos muros se pretende atesorar. Nada de alharacas, ni de fastos, ni de oropeles, ni de sedas. Sencillez y cercanía. Sus primeras palabras, remenbranza del de Asís, dirigidas a los hermanos y hermanas, en una noche que recordaba a aquella en que Juan XXIII convocó al pueblo en procesión de antorchas hasta San Pedro en la convocatoria del Concilio Vaticano II. Él se muestra como lo que es, un hermano entre hermanos, necesitado de oración como todos e igual a todos en todo lo humano. Por eso pidió una bendición para él, antes de bendecir él mismo a sus hermanos. Tuvo unas palabras más significadas por lo que no dijo que por lo que dijo. En ningún momento hizo referencia al papado, sino a su función canónica: obispo de Roma, que en la tradición es el que preside en la caridad las otras iglesias. Desde el punto de vista eclesiológico es un vuelco respecto al anterior pontificado: la iglesia de Roma es una entre las iglesias del mundo, pero con un cometido especial: presidir en el amor. Nada más que eso, no hay precedencia ontológica de la Iglesia de Roma, como defendió Ratzinger, la precedencia la tiene la única Iglesia de Jesús, las demás iglesias son las concreciones de aquella única Iglesia en cada lugar del mundo donde se vive la lucha por el Reino de Dios.
 
Es un hombre que ha renunciado, de momento, al boato del poder que acompañaba a los últimos pontificados a la Iglesia. Sin coche de lujo, sin tronos ni grandes aspavientos rituales. Sencillo, sin papeles, haciendo una homilía como debe ser, es decir, aplicando la Palabra de Dios proclamada al aquí y ahora. Con un lenguaje inteligible, sin rimbombantes declaraciones ni sesudas disquisiciones. La teología tiene una misión importante en la Iglesia, pero no es la de presidirla, es un servicio a la verdad, pero desde la caridad. Una verdad, cuando se impone, deja de serlo. De ahí que las formas sean tan importantes, formas que perdieron a otros pontífices. El papa Paco se está haciendo de querer y lo consigue con algo tan sencillo como la humildad y la espontaneidad. Si le ponen limusina, va caminando; si le ponen un trono, permanece de pie; si le halagan, bromea. Un hombre con iniciativa y con firmeza, pero a la vez, con algo que de verdad lo salvará en medio de los peligros que le acechan, con sentido del humor, como lo tenían Juan XXIII y Juan Pablo I, los dos precedentes claros de este tiempo que se abre.
 
Me cabe una duda. ¿Será capaz de enfrentarse a los retos que muchos ya han indicado para la Iglesia de este siglo? En una rápida enumeración serían estos lo retos planteados: el lugar de la mujer en la Iglesia; la reforma del sacerdocio y el lugar del celibato; la reforma del modo de organización eclesial, democratizando las elecciones episcopales e instituyendo un sistema sinodal ágil; abandono del Vaticano y vuelta a la sencillez nazarena; la pérdida de todos los privilegios y el alejamiento de los grupos de poder. Estos son los retos más evidentes, pero seguro que aparecen más aún. Creo que todos los retos se pueden resumir en dos, como los mandamientos: la pobreza real como signo de la presencia del Dios de Jesús y la búsqueda del Reino de Dios como objetivo único de todos los esfuerzos.
 
Cada día espero nuevos signos de este papa Paco, que, como dijo Jesús a Pedro, nos confirmen más y más en la fe. El ministerio de Pedro en la Iglesia es el servicio de la unidad y esta solo puede venir mediante el respeto de la diversidad de los dones eclesiales y la promoción de las particularidades. Paco, recuerda que tú eres Pedro, y que en tu fe edificamos la Iglesia de Jesús para la construcción del Reino de Dios.

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12.03.2013 10:34

Pro eligendo Servum Servorum Dei

 

Hoy es el día elegido para comenzar el cónclave que designará al Papa número 266 de la lista oficial de Papas, excluidos los antipapas. Son 115 cardenales de entre los que deberá salir el nuevo pontífice, por tanto el margen para la sorpresa es bien pequeño. La verdad es que el Espíritu Santo lo tiene difícil con tan menguada libertad para elegir Papa. En primer lugar, no puede elegir a la mitad de los cristianos porque son mujeres y según las normas dadas por la propia Iglesia, que no por Dios, una mujer no puede ser Papa, tampoco puede dirigir una comunidad, ni presidir una Eucaristía, ni dispensar los sacramentos reservados a los varones por la misma Iglesia. Las mujeres, en la actual Iglesia, y por deseo expreso de Juan Pablo II, no revocado por el último Papa, no pueden acceder al sacerdocio ministerial, es decir, al servicio a la comunidad en su grado más alto, aunque sí pueden ser las verdaderas servidoras de las comunidades. No olvidemos que a ellas está casi reservado todo lo relacionado con la limpieza, educación y atención a personas en la Iglesia. Pero no les está permitido presidir esas mismas comunidades a las que sirven con tanto ahínco. Los varones, aunque somos minoría en el quehacer cotidiano de las iglesias, sí podemos acceder a esos puestos de presidencia y decisión, y podemos porque así lo ha decidido la mayoría de varones que siempre han gobernado la Iglesia.
 



El Espíritu Santo tampoco podrá elegir a un varón o mujer que no esté ordenado, como fue el caso tan conocido de Ambrosio de Milán, no bautizado y elegido por un niño que alzó su voz en medio de la asamblea que decidía obispo para aquella sede. El devenir eclesial ha intentado por todos los medios que errores de este tipo no puedan ser cometidos por el Espíritu. La mejor manera de que una mujer no sea elegida es restringir el censo electoral y el número de candidatos a varones, ordenados y tocados con la mitra. Ningún varón bautizado puede acceder al ministerio petrino, si antes no ha pasado por el resto de órdenes, y aunque para ser Papa no se ordena, no es un orden ministerial, y por tanto podría serlo cualquier cristiano, sí está exigido que sea el obispo de Roma, con lo cual se restringe la cantidad de elegibles.
 
El modo y el procedimiento para elegir al Papa, a los obispos y a los sacerdotes es una rémora de formas pretéritas de organización social. Cuando el mundo vivía bajo el régimen de la monarquía, el control patriarcal y el gobierno masculino, parecía tener sentido estas formas de elección y ordenación. Hoy, que la misma Iglesia se alegra por la extensión de la democracia, sería bueno que se la aplicara a sí misma. No se trata de hacer elecciones al uso, si no de introducir procedimientos que aseguren que las comunidades tomen parte en el proceso de elección de sus representantes y gobernantes. Una parroquia debería poder elegir a su ministro, una diócesis a su supervisor, la Iglesia a su servus servorum Dei. Aunque la democracia actual, la liberal, tiene muchos límites, bien podríamos adoptar algunas de sus formas para aplicarlas a la Iglesia, lo cual no sería una innovación, en realidad sería la vuelta a las primeras tradiciones. En el origen, la elección de los presbíteros, de los ancianos, como se conoce en los textos, se hacía por elección de la comunidad. Otra cosa distinta era la consagración, que se hacía, para salvaguardar la comunión, mediante la imposición de manos de, al menos, tres obispos de los alrededores. Este método, más acorde con la organización comunitaria y fraterna, podría ser revitalizado para la organización eclesial, puesto que no es de derecho divino a quién se elija sino como sea consagrado. No olvidemos que lo que se debería elegir es al siervo de los siervos de Dios, no a un poderoso o gobernante más.

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08.03.2013 12:35

Una crisis ideológica, no económica.

 

En medio del fragor de la batalla mediática por hacernos comulgar con ruedas de molino, llegan los datos y ¡zas!, en toda la boca. Basta con hacer un pequeño repaso por los datos que ofrecen tanto el Instituto Nacional de Estadística o el Banco de España, sobre todo si esos datos han sido debidamente procesados por especialistas de la calidad y enjundia de los que ofrece FUNCAS, Fundación de las Cajas de Ahorro, nada sospechosa de tintes revolucionarios.
Los datos lo dicen a las claras, sobre todo si miramos la distribución funcional de la rente en España e  los años que llevamos de crisis. Hay que decir que la distribución funcional de la renta, en términos sencillos, establece la distribucion de lo que la actividad económica produce, es decir, mide proporción de la renta nacional bruta que se llevan las tres partes fundamentales: empresarios, asalariados y administración mediante impuestos.
 
La distribución de la renta en España ha venido siendo estable desde que llegara la democracia, con un leve aumento de las rentas de explotación, empresariales, y una leve disminución de las rentas salariales hasta 2007. En concreto, durante los 30 años anteriores, la renta bruta de los salarios suponía el 50% en términos promedios. La renta empresarial o excedente bruto de explotación, como se llama técnicamente, el 40% del total. Y el Estado percibía entorno al 10%. Este sistema de distribución permanecía estable desde los famosos Pactos de la Moncloa, por los que los trabajadores y los empresarios llegaron a un acuerdo con las fuerzas políticas para mantener este modelo estable, a pesar de los vaivenes de la economía. Cuando venían mal dadas, todos se apretaban el cinturón, pero más los que más tenían, manteniendo la distribución de la renta similar. Esto produjo que el modelo de Estado Social, aunque con muchas carencias, se mantuviera más o menos estable durante tres decenios. Otra cosa distinta es lo que sucede ahora.
 
Como se ve en los gráficos, desde 2008, año de comienzo en España de la crisis, las rentas salariales han pasado de suponer un 49% a obtener el 44% de la renta nacional. Las rentas empresariales, por su parte, han pasado de ser casi el 42 a superar el 46%. Dicho de otro modo, mientras los asalariados han perdido un 10% de renta, los empresarios han ganado ese mismo 10%, lo cual implica una transferencia neta de rentas desde los trabajadores a los empresarios. Aquí está el meollo de toda la crisis. No se trata de una crisis económica real, sino que el problema es el modo cómo se está intentando resolver un problema que estaba y está en el ámbito financiero. La solución del gobierno anterior, pero especialmente el actual, es que los trabajadores paguen los problemas del sector financiero y para eso reduzcan su participación en la renta nacional. Se trata, al fin, de una cuestión ideológica y no económica. Una parte de la sociedad, la élite pudiente, impone sus medidas para que otra parte de la sociedad, la masa trabajadora, pierda los derechos conseguidos después de muchos años de esfuerzo.
 
No estamos ante una crisis económica, sino ante una crisis ideológica. Hay unos que saben muy bien lo que hay que hacer y lo imponen mediante la política, la fuerza pública y los medios de comunicación. Hay otros que no tienen ni puñetera idea de lo que está pasando, que reciben tortas por todos sitios y que, además, culpan a los que podrían ayudarles de ser parte del problema. Los que ostentan el poder disponen de todos los medios para seguir haciéndolo, los que no se someten. Pero si la mayoría social que padece las supuestas soluciones tomara conciencia de que esto es una gran mentira cometida contra ellos, entonces, quizás, se rebelarían de forma radical contra esta gran falacia.
 
Hay soluciones porque hay renta, hay producción, España genera casi la misma riqueza que antes de la supuesta crisis, pero las élites económicas ahora se quedan con mayor parte del pastel que antes, de ahí el sufrimiento del pueblo. Si dejáramos de ver el parte de guerra diario de las élites y empezáramos a buscar la verdad, otro gallo nos cantaría, porque los datos no mienten y con ellos es posible abrir las mentes de muchos y cerrar las bocas de algunos.

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26.02.2013 11:40

"Ayúdanos a prevenir los desahucios"

 

Una nueva enfermedad se ha extendido por España con una prevalencia muy alta, tanto que ha superado a las enfermedades más importantes hasta el momento. No se trata del hasta hace poco mortífero cáncer, palabra tabú otrora y que ahora no es más que una enfermedad crónica si se interviene a tiempo. Tampoco se trata de ninguna de las enfermedades raras, esas que afectan a tan pocas personas que la industria farmacéutica no tiene incentivos suficientes como para investigarlas, a esa industria le mueven intereses más altos que poco tienen que ver con las necesidades de las personas. No, no es una enfermedad de las habituales, se trata de una enfermedad mucho más difusa, más extendida, con un altísimo riesgo de contagio y con pocas posibilidades de curación. Una vez que la enfermedad se ha instalado en el sujeto no hay nada que hacer: la metástasis está asegurada y el final ineludible. Esta nueva enfermedad tiene un nombre que da pavor su sola pronunciación: desahucio.
 
Sí, el desahucio es la nueva enfermedad que atenaza a España, una enfermedad que amenaza con convertirse en epidemia, una enfermedad oculta que apenas da síntomas previos, pero que una vez se manifiesta no tiene curación posible, de ahí que la prevención sea la única herramienta eficaz. Efectivamente, es un enfermedad que se mantiene en estado latente, larvario, durante varios meses, a veces años, pero en el momento que se manifiesta, el paciente está perdido. Una vez lanzado el desahucio, no pasan más de tres meses hasta que la familia entera se ve arrojada al ostracismo. No hay posibilidad de pararlo, el desahucio se produce sin remedio. Policía, bomberos, jueces, todos cumplen el papel que determina la ley y el paciente no tiene posibilidad de curación. Por eso ha hecho muy bien Cruz Roja española en pedir ayuda a Antena 3 televisión para lanzar un mensaje a la población española: el desahucio puede ser prevenido, es la única solución. Para ello hay que intentar recabar la solidaridad de la población que en el futuro podría necesitar esa misma ayuda. Con muchos pocos se puede ayudar a muchas familias a evitar contraer el desahucio. Quizás es cuestión de abonar un mes más, a ver si el padre de familia encuentra un trabajo a tiempo parcial que permita a la familia cumplir con su sagrada obligación de pagar la hipoteca. Quizás sea suficiente para prevenirlo con cubrir los intereses de mora del 28%, así el banco no lanzará el desahucio y la familia podrá quedarse un mes más, otro mes evitando la maldita enfermedad.
 
El desahucio es una enfermedad grave, cruel, pero puede ser prevenida. Solo debemos intentar ayudar a esas familias que tienen más riesgo de contraer la enfermedad, de esta manera evitaremos el contagio en la sociedad y conseguiremos que la enfermedad deje de ser mortal para pasar a convertirse, como tantas otras, en crónica. De esta forma podremos vivir con ella, soportar algunas de sus consecuencias, pero no sufriremos la epidemia que se cierne sobre nosotros. Es importante que todos nos impliquemos, de ahí que muchos famosos colaboren en la campaña,sea aportando su imagen, sea con colaboraciones diversas, porque es posible evitar el desahucio.
 
En los finales de este capitalismo senil nos vemos con la imagen más grotesta de esta sociedad putrefacta: los problemas sociales convertidos en realidades naturales. La pobreza es consecuencia de las diferencias genéticas, el paro es causado por la mala formación, el desahucio es una enfermedad natural que nada tiene que ver con una construcción sociopolítica que ha permitido a los poderosos hacerse con una parte importante de la riqueza mediante la especulación inmobiliaria y financiera y ahora quieren seguir ganando dinero con a resolución de la misma burbuja que ellos crearon. Estamos ante la ideología en estado puro: la mentira establecida como bondad y caridad. Una ONG en colaboración con un medio de comunicación se encargan de extender la idea de que el crimen inmobiliario cometido en España es un problema de salud pública, los desahucios una enfermedad a prevenir.

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26.02.2013 11:39

La Renuncia a una Era

 

No han sido pocos los que han insistido en que tenía que escribir algo respecto a la renuncia del actual Papa, Benedicto XVI. La verdad es que no tenía demasiado claro cómo interpretar este acontecimiento, pero la necesidad de responder a las cuestiones de algún medio de comunicación y las cuestiones planteadas por los alumnos me han llevado a clarificar mi posición ante este evento. En todo caso, entiendo que hay que proceder a una interpretación en varios niveles y cada uno de ellos no tiene por qué interferir con los otros. Es más, muchas de las interpretaciones oídas estos días, sesgadas unas, disgustadas otras, de alabanza la mayoría, pueden tener su parte de razón. La verdad no está en un solo lugar, sino que hay que buscarla en la integridad de los hechos acontecidos. Cada ser humano, cada grupo humano, cada sociedad, puede interpretar los hechos según su propia experiencia previa y según sus perspectivas futuras.
Por tanto, el análisis completo de la renuncia de Benedicto XVI a seguir ejerciendo el ministerio petrino como obispo de Roma, tendrá que ser realizado por los historiadores y teólogos futuros, cuando el devenir de los tiempos ponga en su lugar cada gesto, cada acto realizado, cada decisión. Por nuestra parte, nos limitamos a escudriñar algunas causas personales y algunas consecuencias eclesiales.
 


Benedicto XVI llegó al solio pontificio hace ocho años, en este tiempo ha intentado dar un sesgo al papado menos "mediático" y más eclesial, poniendo un cierto orden en la organización romana de una Iglesia demasiado dependiente de los procedimientos centralistas vaticanos. En su intento nos ha sorprendido a muchos, pues su etapa como Prefecto de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, no hacía presagiar nada nuevo ni distinto de lo vivido en el anterior pontificado. Sin embargo, su fuerza y valentía para hacer frente a unos modos de actuar anquilosados empezó a dar fruto y como consecuencia la Iglesia dejó de esconder las vergüenzas. De entre estas, las que más daño le han hecho no han sido las que todo el mundo imagina, sino las financieras. El hecho de que el hombre puesto por él para acabar con el secretismo del banco vaticano, fuera defenestrado en una campaña propia de la saga de losCorleone, puso la puntilla a un pontificado que arrastraba un fardo pesado tras 25 años del pontificado mediático de Juan Pablo II. Sus palabras de renuncia suenan sinceras y su conciencia de no poder realizar como es debido su ministerio le honra en la toma de decisión más importante de un pontífice en los últimos ocho siglos.

 
Este acto de renuncia implica poner como ejemplo para los que vengan después lo que no debería ser sino lo habitual: cuando un hombre no tiene las fuerzas necesarias para ejercer ese servicio, debe dejarlo. De lo contrario nos veríamos de nuevo con la situación del pontificado anterior, donde un Papa moribundo dejaba la función de gobierno a personas que, estrictamente hablando, no habían recibido la asistencia del Espíritu Santo para ello. Una situación como aquella, de repetirse, y a fe que en pocos años la hubiéramos visto, solo puede beneficiar a la Curia, pues la debilidad papal permite que se creen camarillas de poder que pueden medrar y conseguir puestos para el siguiente cónclave. Con la renuncia, Benedicto XVI, ha impedido que esto suceda, ha cortado las alas a los cuervos que sobrevuelan el Vaticano. La renuncia ha imposibilitado la creación de lobbies que podrían haber concitado el suficiente poder como para que la elección papal tuviera menos espacio para la intervención divina. Porque los grupos de poder también actúan en la Iglesia y lo hacen para defender privilegios y prebendas. Benedicto XVI ha impedido esto y además ha puesto el listón muy alto para el siguiente. Veo difícil que otro papa no tome la misma opción, es más, veo difícil que no se legisle la renuncia por edad, como si de un obispo más se tratara; obispo de Roma es, al fin y al cabo.
 
Otro de los elementos que me parecen de análisis es la fecha elegida. Podría haber renunciado en cualquier momento, pero lo hace antes de la Pascua, antes justo del paso del Señor, en cuaresma, símbolo de la renovación, de la ascesis y de la búsqueda de la verdadera y única vida en el Señor. Si con Cristo morimos, viviremos con él, eso mismo es lo que el Papa ha pensado para la Iglesia, un momento de renovación, de muerte y resurrección. Que el día elegido para la renuncia sea el 28 de febrero, conmemoración del Edicto de Tesalónica por el cual se obligó a todo el Imperio romano a profesar la fe católica bajo pena de muerte, tiene también un carácter simbólico y profético a la vez. Es simbólico porque el heredero real, aquel que lleva sobre sí la Tiara que representa la unión de los tres poderes, el Papa, renuncia a ello en fecha tan señalada. Pero también es profético porque la renuncia puede ser leída como una renuncia mayor: la renuncia a una época, a una forma de vivir y mostrar la Iglesia, a la Era constantiniana, la Iglesia del imperio, apegada al poder y servidora de intereses que no comulgan con el Evangelio.
 
Creo que estamos ante la renuncia a una Era y el comienzo de otra muy distinta. Nada importa qué decidan los cardenales en el cónclave si lo que deciden no es acorde al Evangelio. Hay que romper el voto censitario en la Iglesia, abrir el colegio electoral restringido que son los cardenales y dar la palabra a toda la Iglesia. La Iglesia tiene nombre de sínodo, dijo San Juan Crisóstomo, la Iglesia es un caminar juntos, un sínodo, y solo caminan juntos los que así lo han decidido libremente. Volvamos al Evangelio, volvamos a Nazaret, volvamos al camino duro y peligroso de la cruz. Solo ahí está Dios esperándonos, solo ahí está Cristo resucitado llamando a todos los suyos.

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20.02.2013 18:42

El silencio de Dios

 

LEER EN RARA TEMPORUM

Cualquier creyente ha de enfrentarse en su propia vida con el tema central de la experiencia de Dios: su silencio. Dios no habla, ni física ni metafóricamente; Dios calla. Calla cuando sus supuestos hijos desfallecen o mueren; calla cuando los tiranos hacen escarnio de los opositores; calla cuando la desolación se apodera de un pueblo; calla cuando tantos y tantos mueren sin una causa justificada; calla cuando alguno de sus hijos le pide explicaciones; calla, con un silencio atronador que deja escuálido cualquier pensamiento que quiera enfrentarse a ello. Por eso, las palabras de Pascal siguen siendo hoy vigentes, quizás más que nunca: "me aterra el silencio de los espacios infinitos". Me aterra, con pavor enorme, que mientras en algún lugar oscuro se está torturando a alguien, el cielo no denuncie a los torturadores. Me aterra, con un horror indescriptible, que un niño sea obligado a matar a sus padres e incorporado a uno de los múltiples ejércitos al servicio de espurios intereses de multinacionales, mientras el cielo sigue impertérrito los acontecimientos. Me aterra que sigamos comprando y vendiendo como si tal cosa, como si nuestros actos no fueran crímenes diarios contra el planeta que nos acoge, y el sol siga saliendo todos los días sobre las muchedumbres zombis que pululan por los parques temáticos del horror posmoderno que son los centros comerciales.

 

Siento verdadera conmoción al ver todo esto y contemplar que Dios sigue sin decir nada, sigue oculto y alejado, sin intervenir en nada de lo que es culpable desde el mismo momento que es su Creador, es Todopoderoso, es Omnisciente y es Benevolente. Si Dios es eso, entonces no veo cómo arrancar de su debe la culpa ominosa de todo el mal que hay en el mundo. La conclusión no puede ser otra que el silencio de Dios lo condena como culpable de los crímenes que se comenten. Por acción, por omisión o por complicidad, él es culpable y no queda otra opción ante esto. Así lo ha visto la cultural popular del siglo XX y ahora en el XXI. The Walking dead no es sino un alegato contra el sentido del mundo y por tanto contra Dios. Confieso que tuve que dejar la serie porque me dañaba. No me dañaban las imágenes de zombis comiendo seres humanos, no deja de ser irrisorio, sino la profunda carga contra Dios que se oculta tras la serie. Cuando el oficial de policía llega a una capilla a pedir a Dios un gesto, un signo de que merece la pena seguir adelante, la respuesta es que su hijo es herido por una bala dirigida a un animal. Ahí concluye todo para él: este mundo no tiene ningún sentido y lo único que podemos hacer es sobrevivir sin preocuparnos por cuestiones morales. Si Dios no existe o está mudo, lo mismo al fin, entonces la moral es una farsa y el mundo una pura mentira.

 

La Niebla, basada en la novela homónima de Stephen King, nos presenta un mundo donde las cosas dejan de tener sentido. Una niebla cubre un pueblo y unos extraños seres con tentáculos empiezan a invadir las casas y llenarlo todo de una espesa tela donde los humanos son utilizados como alimento. Después de proteger a su hijo y prometerle que nunca dejará que los bichos lo cojan, el protagonista decide, ante la imposibilidad de huir de ellos, matar a su hijo y suicidarse, pero solo queda una bala, mata al hijo y cuando está desesperado ante la imposibilidad del suicidio, desaparece la niebla y ve pasar en camiones del ejército a toda la gente que lo había combatido con un fundamentalismo religioso brutal. La conclusión es que este mundo no tiene ningún sentido y lo único que merece la pena es vivir sin preocuparte por los demás, o bien suicidarse, como había propuesto Eugéne Fink.

Otro film, anterior a todos estos y en una línea diferente, La Misión, nos muestra cuál es la acción en el mundo de un verdadero creyente: el compromiso por cambiar las condiciones de este mundo, que no son obra de Dios, sino de los hombres. A Dios no podemos cargar en su debe el cómo nos hemos organizado los hombres. La mayor parte del sufrimiento humano, también el injusto, procede de la organización social y política, no de cómo ha sido creado por Dios este mundo. Hemos sido los hombres sus creadores. Ante eso solo queda el compromiso. Lo que se hace de una manera puede ser hecho de otra. Los jesuitas en América pusieron en práctica la mejor de las políticas evangélicas: la organización de los indios en comunas donde podían desarrollar sus capacidades y vivir felizmente. Pero eso entra en conflicto con los intereses de los poderosos y ahí es donde viene el problema. Cuando los poderes, también el eclesial, deciden acabar con un intento comunal de organización que evitaba el enriquecimiento de las élites, deciden acabar con él, también en nombre de Dios. En el film, uno de los sacerdotes toma las armas, el otro le asegura, entre lágrimas, que si es necesario defender con las armas sus proyecto, no le merece la pena, prefiere morir, como Cristo. La escena es dramática en extremo.

En fin, creo que no es que Dios mantenga silencio, sino que su lenguaje no es comprensible para nosotros, porque Él no es Todopoderoso y Omnisciente. Dios no es como la corriente ontoteológica occidental lo ha descrito. Lo único que sí sabemos los creyentes que es Dios es Agape, es decir, una comunión, una solidaridad extrema, una puesta en común de todo lo que somos. Dios es aquellas comunas que fundaron los jesuitas, y las comunidades de los primeros cristianos, y los grupos de seguidores que se extienden por todos sitios y que sufren en su carne los padecimientos que faltan al Cuerpo de Cristo, que es la Iglesia. Es tremendo, pero la única opción ante un mundo que se ha creado desde la injusticia y el mal es el sufrimiento, como Jesús, como los jesuitas, como tantos que se han comprometido para hacer de este mundo aquello que puede ser: un lugar de comunión y de entrega. Dios no calla, utiliza otro lenguaje, el lenguaje de la pobreza, la humildad y la solidaridad, un lenguaje que este mundo no sabe escuchar.

 

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